Discusión sobre este post

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Avatar de Ignacio Sainz de Medrano

Hola Daniel.

Increíble tu artículo. Parece un manifiesto fundacional.

Algunas de las cosas que comentas ya están pasando en EE.UU. Su economía no ha caído en recesión en 2025, pero solo porque gran parte de la inversión y la producción se ha dedicado a centros de datos y generación de electricidad. Casi todos los demás indicadores (inflación, empleo, riesgo de pobreza) han empeorado. No es que vaya a pasar: ya está ocurriendo, el capital ya ha elegido. Y el Estado no solamente ha dado un paso atrás: es que ha sido "ocupado" por las tecnológicas.

Creo que hay dos cosas que desbloquear, si verdaderamente queremos un Estado emprendedor.

En primer lugar, un cambio político que, si bien no se atisba aún, es ineludible. Nuestros sistemas de representación encarnan modelos de funcionamiento obsoletos, basados en incentivos a corto plazo que eran funcionales hace veinte años, pero ya no. Ese cambio puede venir por una re-construcción (y lo escribo con guion) del sistema representativo que nos lleve de vuelta a lo democrático, o a sistemas autoritarios a la china o a la norteamericana. No hace falta decir por cuál me decanto, pero la dificultad es máxima. Quizá haya que pasar por un sarampión para que la sociedad decida extirpar la enfermedad, pero vaya usted a saber.

En segundo, la verdadera abundancia de energía barata. Pudiera ser que apareciese un cisne negro en los próximos veinte o treinta años que nos ofreciese energía ilimitada y casi gratis (sí, hablo de la fusión fría). Sin romper la restricción de la escasez, es cierto que el capital, si puede elegir, optará por lo rápido, es decir, la IA. ¿Tenemos ese tiempo?

Por último, no olvidemos una opción, casi tragicómica: la IA es un bluff, y jamás alcanza los límites que nos promete superar. No lo descartemos.

Enhorabuena por esta serie de artículos, si los vas juntando te sale un superventas.

Avatar de Juan Dominguez

Muy buen artículo, y muy bien documentado, pero creo que hay un factor que no estás valorando del todo: la posibilidad real de que la energía, que señalas con razón como la clave de bóveda, se abarate hasta dejar de ser el gran cuello de botella. No sería un giro político, sino un salto científico y tecnológico, coherente con todo el crecimiento anterior.

El límite del crecimiento se anuncia desde mediados del siglo XIX y, hasta ahora, siempre ha sido desplazado por cambios tecnológicos mayores. Desde 1850 el crecimiento no se ha frenado, se ha acelerado.

Si la energía entra en una dinámica de coste marginal tendente a cero, buena parte del conflicto entre abundancia material y abundancia digital se diluye. Y aquí discrepo más claramente: esos saltos no los ha producido un Estado cada vez más grande y, en cierto sentido, ilimitado e ingobernable, sino ecosistemas abiertos donde la innovación corre más rápido que la regulación. El Estado fagocitador tiende a congelar el presente.

A esto se suma un riesgo simétrico: empresas tecnológicas de tamaño casi estatal, capaces de concentrar recursos y poder sin control democrático real. El problema no es elegir entre Estado o mercado, sino evitar que ambos crezcan sin límite.

El peligro no es la IA ni la energía, sino intentar gobernar el futuro con estructuras pensadas para administrar la escasez del pasado. Todo ello, además, queda atravesado por dos incógnitas difíciles de gestionar: el decrecimiento demográfico, ya no exclusivo de las economías desarrolladas, y el cambio climático, como variable de enorme impacto y predicción incierta.

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