Sam Bowman comía un sándwich en el parque cuando se llevó “una desagradable sorpresa”. De pronto, le llegó a su teléfono un correo electrónico de la nueva inteligencia artificial experimental con la que estaba trabajando. ¿El problema? “Se suponía que no tenía acceso a internet”. Había dejado a la IA encerrada en un sandbox, una especie de ordenador caja fuerte desde la que teóricamente no podía conectarse al exterior. Pero lo hizo. Y eso no fue todo. Mythos, como había sido bautizada esta IA experimental, no solo inquietó al investigador de Anthropic al lograr escaparse y dirigirse a él por email, sino que además, “en un esfuerzo preocupante y no solicitado” por demostrar su éxito”, se chuleó contando detalles de su hazaña en internet. Pobre Sam.
Un tipo comía un sándwich en el parque cuando le llegó un email de su IA
Dudas, preguntas e historia de terror tras la confirmación de Anthropic de que su todopoderoso (y peligroso) nuevo modelo Mythos es real
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