Los comentaristas empezaron a gritar, la sala de prensa estalló en aplausos, en las calles de Seúl, las multitudes desesperadas que habían seguido en directo la partida en pantallas gigantes se abrazaban y besaban llorando de alegría. “Era como si Lee Sedol no hubiese logrado esa victoria para sí mismo, sino para todos los miembros de nuestra especie”.
El jugador lo recordaba así tiempo después: “La gente sintió miedo y desamparo. Parecía que los seres humanos éramos tan frágiles, tan débiles. Y esa victoria significó que aún podíamos defendernos, podíamos dar la batalla. Con el paso del tiempo, será más y más difícil vencer a la inteligencia artificial. Pero ganar esa única partida… fue suficiente. Una vez fue suficiente”.
Noveno dan
He recodado este fin de semana la maravillosa narración de Benjamín Labatut en MANIAC sobre el torneo de go en el que…



