Brevísima historia de la vida en la Tierra (en solo 700 palabras)
Miles de millones de años de exquisita evolución darwiniana resumidos en un solo post que hará que tus ideas muten vertiginosamente
La vida madrugó pero no volvió a hacer nada interesante durante mucho tiempo. Hace unos 3.800 millones de años, probablemente en las inmediaciones de alguna fumarola hidrotermal, apareció el primer organismo unicelular. ¿De la nada? Parece llamativo que después de que la biología, de la mano de Louis Pasteur, rechazara tras muchos siglos la teoría de la generación espontánea o abiogénesis —para defender que todo ser vivo procede necesariamente de otro—, parezca retomarla ahora, con sonrojo, para dar cuenta del primero de ellos. Y sin embargo, el origen de la vida no es el gran misterio que a vece se da a entender, sino que la vida emerge, quizás casi inevitablemente del giro de nuestro globo. La vida no pudo resistirse al encanto de la termodinámica.
¿Cómo era aquel LUCA (Last Universal Common Ancestor)? Para fotografiarlo podemos superponer las características que comparte toda la vida de nuestro planeta —salvo los virus, que no están vivos exactamente—. Así LUCA debía estar hecho de células (una sola), poseer genes de ADN que codificasen proteínas mediante un código universal de aminoácidos y pagar sus cuentas en una divisa energética común, el ATP.
Pasaron unos 2.000 millones de años. Se dice pronto pero no ocurrió gran cosa durante aquel dilatado periodo de tiempo. La evolución no es un lento y progresivo corredor de fondo sino más bien un explosivo velocista de cien metros lisos que sólo se pone en marcha cuando suena la pistola. De pronto, las condiciones cambiaron en una gran explosión de oxígeno generado por cianobacterias y surgió una sola célula compleja de cuya descendencia seguirían a toda velocidad plantas, animales, hongos y algas, los grandes reinos de la vida. Aquella eucariota era muy diferente de las procariotas anteriores.
Ligeras de equipaje
Las bacterias, por ejemplo, son procariotas. Ligeras de equipaje y de formas sencillas, en su interior flota al tuntún un pequeño manojo de genes que generan copias a toda velocidad. Las eucariotas, sin embargo, son mucho mayores, muestran una compleja organización interior, protegen su ADN dentro de un núcleo y están llenas de toda otra clase de cosas; membranas, vesículas, organelas...
Las más significativas de estas últimas son las mitocondrias, las centrales energéticas de las eucariotas. Son órganos especiales con una historia propia. Su ADN diferenciado nos cuenta que en el pasado ejercieron como bacterias libres hasta que fueron devoradas por las futuras eucariotas, con las que se asociaron desde entonces. Por cierto que a esta evolución por asociación se le llama endosimbiosis y, aunque biólogos como Lynn Margulis la han postulado en ocasiones como teoría alternativa a la selección natural, parece más bien puntual y complementaria.
En la locura que llamamos “explosión cámbrica”,
comparecieron los primeros animales grandes
Sumemos mil millones de años más en los cuales las eucariotas forjaron cada vez más complejas alianzas y, hace 542 millones, en la locura que llamamos “explosión cámbrica”, comparecieron los primeros animales grandes. Y en los millones de años que siguieron, peces, reptiles, dinosaurios, pájaros, mamíferos y hombres.
Cambios en África Oriental
Entre los siete y los cinco millones de años y presionados por una serie de cambios climáticos que deforestaron el África Oriental y extendieron enormes ecosistemas de sabana, algunos protosimios bajaron de los árboles y comenzaron a caminar sobre sus dos patas traseras con el objeto, tal vez, de ver mejor por encima de la hierba alta de los prados y de amedrentar desde la recién adquirida altura a los depredadores blandiendo palos y otras rudimentarias herramientas.
Las crías comenzaron a llegar al mundo cada vez más desvalidas
e incapaces de cuidar de sí mismas
El calendario aventó 2’5 millones de años más cuando nuevas mutaciones benefactoras permitieron sobrevivir a una afortunada minoría de aquellos austrolopitecinos ante un recrudecimiento de la sequía. Los primeros Homo colonizaron Asia y Europa. Hace 250.000 años, y otra vez en África Oriental, nuevas mutaciones acabaron por levantar la pasarela por la que desfilaría “Eva”, el primer Homo Sapiens.
Sus cráneos habían crecido y sus manos devinieron diestras en el tallado de la piedra. Pero la transformación determinante no sería tan obvia: las crías comenzaron a llegar al mundo cada vez más desvalidas e incapaces de cuidar de sí mismas. Aquello dilató exponencialmente los años de aprendizaje y cohesionó los grupos humanos en familias y tribus complejas. La suerte estaba echada.
Esta entrada condensa las ideas encontradas en varios libros estupendos. Si quieres seguir la historia en uno de los más recientes, tienes que leer esto.
Te sale a 5428571,4285714 años la palabra...
Por cierto creo que hay una errata cuando hablas de procariotas y eucariotas, en un párrafo cuando hablas de estas últimas me parece que les estás llamando procariotas.