Explosión de inteligencia
Tenemos que hablar de la automejora recursiva (RSI) de la IA
Ya sé que las viejas fotos estelares del Hubble han sido superadas por las mucho más nítidas y definidas del Telescopio Espacial James Webb, pero este romántico disfrazado de racionalista que escribe sigue prefiriendo las primeras. No siempre son recomendables una mayor definición y nitidez. Piensen, por ejemplo, en el desagradable cine porno en 4K. Y a uno, que ha repasado embelesado tantas veces las hermosísimas instantáneas del Hubble, hay una que le deslumbra por encima del resto. Me refiero a la de la galaxia NGC 4526 que abre este artículo. No anda muy lejos, a unos 55 millones de años luz, en el cúmulo de Virgo. Pero tiene algo especial. Resulta que entró en el fotomatón en el preciso momento en que una de sus estrellas (abajo a la izquierda) explotaba. El brillo de esa sola estrella echada a perder es similar al de los 10.000 millones de abigarrados soles que habitan su centro.
En toda galaxia, más o menos cada cien años, explota una estrella. Supernovas, las llamamos. Su épico drama es la razón de nuestra existencia. El universo adolescente era una sopa insípida de débiles átomos de hidrógeno y poco más. Los átomos pesados que, por ejemplo, nos constituyen, necesitaron formarse en las incomparables calderas de las estrellas. Y, cuando murieron y saltaron en mil pedazos, fertilizaron el universo. Nada de metáforas. Los átomos de tu mano izquierda y los de tu mano derecha es posible que procedan de estrellas distintas. Et tout le reste est littérature.
Recordaba recientemente el astrofísico y matemático chileno Francisco Förster que, cuando se produce la explosión de una supernova, un observador externo no puede percibir de inmediato lo que está ocurriendo. La onda de choque debe atravesar el interior de la estrella a decenas de miles de kilómetros por segundo antes de emitir un cegador destello de luz al alcanzar la superficie, unos días después. Eso sería lo primero que vería desde fuera: un sorpresivo e intensísimo fulgor.
Y Förster concluye: “La explosión de una supernova es un fenómeno complejo y dinámico, análogo a la explosión que estamos viviendo hoy con la inteligencia artificial. Inicialmente, la mayoría de los observadores no se percatarán de lo que está sucediendo. Posteriormente, el destello inicial ionizará el medio que rodea la estrella y “nublará la vista” de quienes están cerca del evento, será difícil calcular de qué tamaño es realmente la onda de choque. Con los años, la explosión superará el tamaño del sistema solar y abarcará todas las áreas del conocimiento, incluyendo industria, gobierno y academia. Será imposible ignorar su presencia, la forma de enseñar y la naturaleza del trabajo se transformarán para siempre”.
Confesiones de un converso
¿La mayor parte de la humanidad es ahora mismo esa criatura vecina estelar de una supernova que ya ha explotado, pero que aún no puede ver y que está a punto de provocar su destrucción? ¿La aparentemente imparable y exponencial progresión de los modelos está a punto de iniciar la llamada automejora recursiva de la IA, ese momento en que la máquina se perfecciona a sí misma a golpe de código desencadenando una explosión de inteligencia? Sí, me refiero a esa suerte de concepto medio científico, medio místico que la ciencia ficción inventó y que los sacerdotes de Silicon Valley como Ray Kurzweil se apropiaron. Me refiero a la singularidad.
Y aquí, mi confesión. Cuando comencé a interesarme por la IA, mi prurito escéptico se reía de todo esto. Cuando comencé a entender la IA, mi pirronismo sufrió algunas tímidas grietas. Cuando comencé a trabajar intensamente con la IA (ay, aquellos memorables tres días sin dormir en manos de Fable), comencé a ser capaz de contemplar cualquier posibilidad.
La automejora recursiva ha dejado de ser un experimento mental para convertirse en una tendencia que ya cuenta con mediciones serias, pero que todavía está incompleta: a junio de 2026 hay evidencia empírica sólida de que la IA acelera el desarrollo de IA (Anthropic declara que más del 80% de su código lo escribe Claude). Pero “cerrar el bucle” con un sistema que diseñe y entrene autónomamente a un sucesor superior no ha ocurrido aún y sigue siendo especulativo. Los laboratorios y benchmarks muestran que la IA iguala o supera a humanos al ejecutar experimentos bien definidos, pero no al decidir qué problemas merecen la pena. Quien piense que ese hueco se cerrará escalando aún más la ya increíble cantidad de cómputo en marcha, apuesta por una explosión de inteligencia cercana. Otros, como LeCun, Marcus o Chollet, no la esperan en décadas. O en siglos. O nunca. Tal vez nos espera a la vuelta de la esquina un infranqueable cuello de botella físico…. La tesis morosa ahora mismo dice algo así: “La aceleración es real, pero la explosión no está demostrada”.
¿La ventana se ha cerrado?
Así titulaba su último artículo Andrew Curran, uno de mis Virgilios favoritos entre el infierno y el cielo de la IA. Escribía Curran después de que Trump ordena apagar el tan inteligente como peligroso Fable/Mythos: “Desde noviembre, nuestra trayectoria se ha acelerado. Para algunos, era algo obvio. Esta sensación se ha intensificado progresivamente durante los últimos cinco meses. Tras usar Fable, ahora me parece más claro que nunca. No digo que la carrera haya terminado. No es así. Los demás grandes laboratorios entrenarán modelos igual de capaces; estoy seguro de que algunos ya lo están haciendo. Con el tiempo, descifrarán la magia que Anthropic incorporó a Mythos y la replicarán. Pero para algunos, la carrera ha terminado. La frontera es ahora un sistema acelerado en el que los modelos líderes ayudarán a producir los siguientes. Muchos predijeron durante años que alcanzaríamos este umbral. Ahora lo hemos cruzado”.
Terminaba así Curran: “Los líderes mundiales deberían haber visto lo que muchos vimos en 2022, y de lo que apenas hemos hablado y escrito desde entonces: esta es la tecnología más importante en la historia de la humanidad. No se trata de programación. No se trata de derechos de autor. No se trata de arte ni de matemáticas. Se trata de la transformación de la civilización, la sociedad y la humanidad misma. Es una maravilla. Y si aún no has participado en su creación, ahora solo serás un espectador”.
La ventana se ha cerrado y la caja se ha abierto. Hay nuevas maravillas por venir, también males sin nombre, ángeles y demonios. ¿Quién no podría tener en estas condiciones unas ganas locas de descubrir lo siguiente?





Artículo honesto y mejor que la media del género. La analogía de la supernova funciona, y la frase de Förster distingue correctamente entre aceleración demostrada y explosión especulativa.
Pero hay un fallo de fondo que atraviesa todo el debate sobre la singularidad: la confusión entre cognición y pensamiento. No es un tecnicismo filosófico. Es la bisagra de todo lo demás.
La distinción no es fácil, y conviene ilustrarla con algo cercano. En este mismo artículo hay cognición: la selección de fuentes, la estructuración del argumento, la analogía estelar. Esa parte la podría haber producido una IA, y de hecho yo utilizo IA para partes equivalentes de mis textos. Pero hay también pensamiento: la decisión de qué merece ser dicho, el juicio sobre qué es verdadero, la responsabilidad sobre lo que se afirma. Eso no lo hace la máquina.
Lo mismo ocurre con este comentario: la prosa la elabora una IA, el pensamiento es mío.
Si no tenemos clara esa distinción, no podemos saber lo que una IA puede o no puede hacer. Y entonces entramos en la ciencia ficción, donde cabe todo: la singularidad, el apocalipsis, la maravilla. Todo igualmente posible, todo igualmente inverificable.
Querido Daniel,
Muy interesante, como de costumbre, tu artículo y muy de acuerdo contigo (aunque creo que aun nos queda un poco para llegar a esa explosión, habiendo además factores físicos reguladores).
Una cosa muy menor. La foto que has puesto, que es espectacular, no es de NGC 4526 (que está en Coma Berenices, no en Virgo), es NGC 4594 (que sí está en Virgo) o también conocida como M104 o Galaxia del Sombrero. En esta galaxia no hay, en estos momentos, ninguna supernova visible.
En NGC 4526 tampoco hay ahora ninguna supernova visible, pero hubo una en 1994 (SN1994D) que fue muy brillante y es bastante famosa la foto del Hubble.
En estos momentos, tenemos una supernova en la galaxia NGC 5907, la “Galaxia Astilla” o “Splinter Galaxy” (SN 2026kid / AT2026kid), que se descubrió el 22 de abril de este año. Pero es mucho menos espectacular que la SN1994D.
En este link a la wikipedia está la foto de NGC 4526 y su famosa supernova: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a2/SN1994D.jpg